
Ingredientes:
- 4 manzanas peladas y sin corazón cortadas en láminas de medio centímetro de espesor y rociadas con el zumo de medio limón para que no se oxiden.
- Frambuesas, un par de puñados. Pueden ser congeladas si no es temporada.
- Harina.
- Mantequilla (que lleve rato fuera de la nevera, tiene que estar blandita).
- Azúcar blanco, azúcar moreno, canela.
- Un molde de suflé engrasado con mantequilla.
Ponemos en un cazo las manzanas con una cucharada de azúcar blanco y espolvoreadas con un poco de canela, un poco de mantequilla (como media cucharada) y dejar cocer a fuego lento durante unos 10 minutos, removiendo de vez en cuando, hasta que estén tiernas pero enteras.
Sacar del fuego, ponerlas en el molde y añadir las frambuesas mezclando suavemente para que la manzana no se haga puré.
Para hacer el crumble, en un bol mezclar una taza de harina, con 3 ó 4 cucharadas colmadas de azúcar moreno, una pizca de canela y aproximadamente 100 gramos de mantequilla cortados a dados e ir mezclando con los dedos hasta que tengamos un montón de migas de pan pegajosas.
Se cubre el molde con las “migas”, sin apretar, como si pusiéramos queso rallado a la pasta y lo metemos en el horno precalentado a 180ºC durante una media hora, o hasta que la cobertura esté doradita y crujiente.
A mí me encanta templado y con nata líquida. También se puede tomar con helado, con natillas o con nata montada.
Se puede hacer de albaricoques, sólo de manzana, de manzana y moras, de peras, de melocotones; se pueden añadir pasas, ciruelas, orejones, higos secos, nueces… La cobertura se puede hacer con harina integral, añadirle almendras, o ralladura de piel de limón. Una vez que no tenía harina lo hice con muesli, y estaba bien rico.
También se pueden hacer crumbles individuales en moldes de suflé pequeños, quedan de lo más mono, con una bola de nata montada encima.
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